domingo, 12 de febrero de 2012

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Todo pasa y nada cambia. Tiempo… lo que se necesita es tiempo. Sin embargo, cuanto más tiempo pasa menos cambia. Todo igual, mismos sentimientos, mismos pensamientos. Tratas de superarlo, fracaso estrepitoso. Lo apartas de tu mente, vuelve arrastrándose e infestando los restos que quedaban sin afectar. Te rindes,  caes sin remedio. Te resignas y comienzas a aprender a vivir con los pequeños pedazos de lógica que quedan en tu vida.

lunes, 30 de enero de 2012

Siempre aparecen...

Era un viaje tranquilo en el tren, iba con sus cascos puestos, moviendo sus labios fingiendo que cantaba. Tenía la mirada fija en la ventana aunque su cabeza estaba en otra parte. La gente entraba y salía a toda prisa del vagón. Ella no se molestaba en quitar los pies, ni en recoger todos sus libros que ocupaban los asientos de su alrededor. No le gustaba tener gente desconocida cerca. Muchos decían que era una antisocial, ella simplemente opinaba que le gustaba tener intimidad. ¿Por qué debía apetecerle tener delante unos ojos curiosos que juzgasen su forma de vestir o su pelo de color chillón?

El tren continuaba vaciándose y llenándose en cada parada. Ninguna estación llamaba su atención, simplemente significaban dos minutos más de retraso hasta llegar a su casa. Pero eso no era del todo cierto. No se dio cuenta de que no todas las paradas eran irrelevantes hasta que su ventanilla quedó justo en frente del nombre de cierta estación. De repente, al igual que si le hubiese caído agua fría encima, quedó congelada, se comenzaron a amontonar todos los recuerdos en su cabeza, todas las palabras, los besos, abrazos, todo aquello que se había obligado a borrar de su mente sin éxito. 

En cuantísimos momentos se habían despedido en aquella misma marquesina con un fugaz beso mientras las puertas del vagón se cerraban… Nada de eso importaba ya… era hora de pasar página, o al menos eso era lo que se había repetido unas quinientas mil millones de veces. 

No pudo evitar buscarle con la mirada entre todas las caras desconocidas que se iban acomodando en los asientos libres. Como era de esperar, aunque no por ello menos decepcionante, no logró encontrar a quien buscaba. Se había imaginado innumerables veces un encontronazo inesperado, lo había planeado tantísimas veces... Cómo reaccionaría ella, qué repondería él, todo lo que se dirían sin hablar… quizá por eso todavía no lo había vuelto a ver… porque las cosas nunca ocurren cuando las esperas… 

Se repetía una y otra vez que él seguramente estaría ya con otra, que después de tanto tiempo era imposible que sintiera lo más mínimo por ella porque, al fin y al cabo, ¿cómo iba a echarla de menos después de tantos días sin saber el uno del otro? Se imaginaba que él era infinitamente más inteligente que ella como para darse cuenta de eso y olvidarse de ella. Sin embargo, de forma inexplicable, ella sabía que la historia no acaba ahí, que su final no había sido el que su relación se merecía. De alguna manera sabía que los dos habían cambiado lo suficiente como para que lo suyo funcionara y que en un futuro lo haría.

Estaba tan sumergida en sus pensamientos que se asustó cuando las luces se apagaron anunciando el final de trayecto del tren, su parada. Cuando al fin despertó de su ensimismamiento, comenzó a recoger sus cosas a toda prisa y salió de un salto por las puertas metálicas. Tras tranquilizarse y tomar aliento por la carrera, su maldito cerebro masoquista trató de retomar los pensamientos que había recorrido durante el viaje, pero ella se negó en rotundo. Se colocó los cascos, que se habían desprendido de sus orejas a causa del ajetreo, y se centró en la música más estruendosa que pudo encontrar en su MP3. Sabía que no podría evitar esas ideas que le atormentaban por mucho tiempo porque, como todo el mundo sabe, los fantasmas siempre aparecen en la noche.

martes, 24 de mayo de 2011

Sobrecarga de archivos


¿Conocéis esa sensación en la que parece que no avanzas? Estoy segura de que sí… Es difícil ser optimista cuando tras haber acabado una etapa te das cuenta de que realmente no la has terminado. Sigues teniendo grandes pasos por delante, que más que adelante parece que son hacia atrás ya que tienes que ir repitiendo lo mismo que ya habías hecho antes. No lo empiezas de cero, es cierto, pero el ánimo no está por la labor de levantarse y darse cuenta de eso. Empiezas ese camino de repaso con energía pero a lo largo del día notas como se va a agotando la mente al igual que a un ordenador la batería. Y, cuando creías que el día estaba a punto de acabar y podrías relajarte sin tener nada más en que pensar, surge algo que hace que si te quedaba un 12% de batería, de repente, caiga en picado como si se hubiesen abierto tropecientas carpetas que te saturan y bloquean, sumándose a aquellas que se abren desde que te despiertas. Pero bueno, al final, por muy largo que nos parezca el camino, siempre se encuentra el botón de reinicio que nos permite desconectar al menos una noche y, en caso de emergencia, el botón OFF para una desconexión rápida y necesaria para estar renovado la próxima vez que tengas que pulsar ON.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Estrellas caídas


Tras preparar su plato de spaghettis precocinados, se sentó en el sillón a cenar mientras veía su programa favorito en la televisión. Ya no se molestaba en pensar en todo lo que había ocurrido en su vida, no valía la pena, nada volvería a ser como antes. Resultaba increíble imaginar lo que había sido, lo que era. Después de una vida de éxitos, dinero y malas decisiones, en eso había quedado su vida, en una cena precocinada y solitaria, un sábado por la noche. Abandonó a su familia, su mujer y su hijo, y a sus amigos, los únicos que ahora podrían ayudarle. Él estuvo en la cumbre, con discos de platino, estando en las listas de los mejores cantantes del mundo, ahora sólo le quedaban discos piratas y una voz ronca y desgastada, a causa del Jack Daniel’s y el tabaco que le acompañaba cada día. Jamás pudo imaginar que su fama se acabaría, que caería en picado dejándole tirado, que sus fans ya no le vitorearían cuando le viesen por la calle, que llegaría a ser un vago recuerdo de alguien que un día fue famoso. Pero ese día llegó, pasó de moda, ya nadie quería vestir como él, ser como él.

sábado, 30 de abril de 2011

Gracias

Esos momentos de angustia que parecen no tener fin y sientes que no tienes fuerza para continuar. Aquellos en los que sólo quieres encerrarte en una habitación, olvidarte del mundo y llorar. Los que solo te muestran pasos hacia el vacío sin ninguna seguridad de que vaya a salir bien. Los momentos de indecisión entre el sí y el no. A todos ellos, gracias por demostrarme que pase lo que pase podré y seguiré adelante.

jueves, 28 de abril de 2011

Rutinas irremplazables...

Ahí estaba ella, sentada en el mismo banco de siempre, a la misma hora, en una tarde de otoño en la que las hojas  caían, dejando a los árboles desnudos. Cada tarde recorría el mismo camino por el parque hasta llegar a su asiento habitual y, como de costumbre, cuando el frío llegaba, ella vestía el mismo abrigo, bufanda y gorro desde hacía años. Mientras estaba sentada, comenzó a pensar en la vida, lo que le había ocurrido y en cómo cambiaban las cosas en menos de un segundo. Se sentía feliz. No tenía la necesidad de imaginar de qué otra manera hubiera sido su vida si hubiese actuado de forma diferente. Tras meditar mirando sus arrugadas manos a causa del tiempo, levantó la mirada, miró a su izquierda y, sin esforzarse, se le formó una reluciente sonrisa en el rostro. Tenía a su lado a la persona por la que no quería cambiar ni un solo segundo de su vida. Esa persona que, tras 60 años, seguía recorriendo el camino por el parque hasta ese viejo banco, cogiéndole la mano.